El Rodero

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                  En el primer tercio del siglo XIX anduvo por estas tierras  y masías de Alpuente, un personaje que ha pasado a ser leyenda. Todos hemos oído hablar de él y la narración de sus hechos han pasado de boca en boca hasta nuestros días. Me refiero al “Pijetas”, famoso capitán de una cuadrilla de bandoleros que tenía atemorizados a cuantos vivían en nuestras aldeas. Se han contado cosas creíbles e increíbles. Todo lo que sabemos de él ha sido transmitido de   padres a hijos. Nada hay escrito y por eso no es de extrañar que se cuenten cosas curiosísimas como que su caballo portaba las herraduras al revés para despistar en su huida o que tenía un perro al que le había cortado la lengua para que no ladrara. Son  verdaderas anécdotas.  Lo cierto es que anduvo por estas tierras allá por el año de 1835, que era natural de Bejís , que fue aprehendido en los alrededores de Cañadapastores y que no es el que figuraba  en la exposición de fotografía antigua que tuvo lugar en esta Villa en el verano de 2006, con motivo de las fiestas patronales. Pero antes de explicar por qué no es el de la fotografía, describiré lo que se sabe de su captura, gracias a la memoria prodigiosa del tío Ignacio del campo de Arriba, que ha aportado los datos suficientes  para deshacer el equívoco.

            “Alertado el alcalde de la Villa, que entonces era Fabián Cebellán, un vecino de la aldea de  La Carrasca, de que el Pijetas había sido visto por el rento de Pozo Marín, organizó una cuadrilla de vecinos  (por entonces todavía no se había creado la Guardia Civil, esta se creó en 1844) y por sorpresa lo apresaron, al reconocerle en las inmediaciones de dicho rento. Según la tradición lo sorprendieron lavándose y desarmado pues, según cuentan, este tenía escondidas lar armas en un estercolero cercano. Fue uno de los componentes del somatén quien le reconoció y  con gran sorpresa de Pijetas al ser identificado precisamente por quien con anterioridad había sido su compañero cuando cumplía como soldado.  Pijetas no pudo negar su identidad pero si vanagloriarse de que no había calabozo lo suficiente seguro del que él no pudiera evadirse, como lo había hecho en otras ocasiones. Pero todo su valor se vino abajo cuando lo llevaron preso y lo introdujeron en la mazmorra existente en la torre del actual ayuntamiento, a la cual solo se puede acceder  por la parte superior a través  de una trapa y ensogado. Aquí ya se pierde toda noticia, pero es de suponer  que no le iría muy bien ya que  por las aldeas de Alpuente jamás se supo de semejante personaje y supongo que vivirían tranquilos hasta que a principio de siglo XX, por el año 1910 aparece un nuevo bandolero, el “rodero” de El Collado, personaje que acabó siendo capturado por los mismos vecinos de la aldea.

            Para vigilar los pueblos en aquella época y sobre todo en las fiestas, se nombraba un número limitado de vecinos, los “badajeros”, que cuidaban de la vigilancia de la Villa o aldeas durante las mismas. Se apostaban en los alrededores y controlaban todo aquello que pudiera ser sospechoso. Esta “milicias” fueron seguramente las que se encargaron de la captura del famoso bandolero.

            Como agradecimiento por la captura de Pijetas, las autoridades superiores recompensaron al Alcalde  con un par de mulas  y según la tradición el regalo pudo ser mayor, pues hubo una propuesta de recompensarle con las salinas de Arcos, entonces propiedad del Estado.

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